| Esa
corriente histórica es parte y continuidad de
otras que con distintas identidades políticas
y en diferentes etapas históricas, expresaron
los intereses populares en contra de la oligarquía
nativa socia de la dominación imperialista.
Por eso nos sentimos parte indisoluble del peronismo
que produjo la gesta del 45. Sentimos que participamos
de esa concentración inmensa y heroica que reclamó
la vicepresidencia para Evita en agosto
del 51.
Hacemos nuestra la gesta de Valle, Cogorno y
todos los compañeros fusilados en el 56.
De la JP del 57, con Carlitos Caride y Gustavo
Rearte.
De los obreros peronistas que fueron la columna vertebral
de la primera resistencia. Nos sentimos representados
y orgullosos del peronismo del gordo Cooke,
combatiente, con otros, junto a la Cuba
revolucionaria en los días de la invasión
imperialista en Bahía de Cochinos.
Somos parte del peronismo que en el congreso normalizador
de la CGT del 68 lanza el Programa del 1º de Mayo
y elige Secretario General a Raimundo Ongaro;
Nos sentimos parte de la corriente combativa que formó
la Agrupación Amado Olmos y la 17 de Octubre.
Esta es la corriente que nos representa históricamente,
con todos los errores que se cometieron, con todas las
debilidades que no se superaron, pero reconociéndonos
en las luchas por la búsqueda de una sociedad
mas justa, por distintos caminos a veces, pero con un
mismo objetivo y levantando a los compañeros
que cayeron en esa lucha.
Pero así como somos parte de ese peronismo combativo
y consecuente con nuestras tres banderas históricas,
rechazamos el Peronismo claudicante y colaboracionista
que a lo largo de nuestra historia cumplió el
papel de entregar o negociar las luchas del pueblo.
Repudiamos esos “enemigos de adentro” que,
como decía Evita, “son
más peligrosos que los de afuera”.
Estos “Peronistas” también existen
“desde siempre” desde el mismo nacimiento
del movimiento y son una debilidad que arrastramos como
una carga, como una hipoteca que no podemos pagar nunca,
como un cordón que nos une al enemigo y hace
estéril nuestra lucha, nuestra militancia y nuestra
organización.
Comprender estos problemas del movimiento, es de una
importancia vital para plantear la unidad, de lo contrario
recorreremos, inexorablemente, el camino de la frustración.
Seguramente somos muchos los compañeros que nos
reconocemos en esta historia, con la misma lectura del
movimiento y sus problemas.
Somos muchos los que a lo largo de nuestra militancia,
hemos intentado que la Corriente Combativa y Revolucionaria
del Peronismo se vertebrara en un verdadero factor de
poder.
Comprender
estos problemas del movimiento, es de una importancia
vital para plantear la unidad, de lo contrario recorreremos,
inexorablemente, el camino de la frustración.
Seguramente somos muchos los compañeros que nos
reconocemos en esta historia, con la misma lectura del
movimiento y sus problemas.
Somos muchos los que a lo largo de nuestra militancia,
hemos intentado que la Corriente Combativa y
Revolucionaria del Peronismo se vertebrara
en un verdadero factor de poder.
No
lo hemos logrado, por distintas razones, pero la principal
es, sin duda, que no hemos podido resolver el problema
de la unidad de este espacio. Antes, por preservar la
unidad de “todo el Movimiento", unidad que
solo mantenía la conducción indiscutida
de Perón.
Otras veces por una inexplicable miopía política
que nos impide ver que en el encuentro del peronismo
consecuente con las tres banderas históricas
existe la única y última posibilidad para
recuperar el rol protagónico que el peronismo
debe cumplir en el proceso de transformación
que nuestra sociedad y el país necesitan.
Sin duda alguna, la unidad del campo popular es necesaria
y el aporte del Peronismo a esta unidad es determinante.
Es absolutamente imperativo resolver la cuestión
de la unidad a partir de reconocer que dentro
del “movimiento” o de la identidad, conviven
proyectos antagónicos, que tienen poco que ver
entre sí. Y debemos resolverlo, porque
los proyectos antagónicos no se sintetizan y
es por eso que los sectores que defienden los
intereses del imperialismo y la oligarquía industrial
y financiera no pueden unificarse con los que defendemos
los intereses populares.
Esto es una primera definición. No puede haber
unidad con los sectores oligárquicos y pro-imperialistas,
más preocupados por “acordar con los organismos
multilaterales de crédito” que por la suerte
de nuestro pueblo.
La unidad con estos sectores solo nos llevará
a nuevos fracasos y frustraciones.
Es una pretensión reaccionaria que le hace el
juego a nuestros enemigos.
La Unidad debe plantearse en torno a un programa
basado en la Justicia Social , antioligárquico
y antiimperialista y desarrollarlo junto a los demás
sectores populares y con el objetivo de la liberación
definitiva de nuestra patria.
No debemos repetir viejos errores
También en el seno del peronismo revolucionario
coexisten diferentes proyectos, no tanto de objetivos
sino mas bien de caminos y metodología para alcanzarlos
. Pero nos une una meta común que deberemos imponer
por encima de las diferencias, la lucha por un País
con verdadera Justicia Social.
Por todo esto, no existe la posibilidad de que un sector
tenga el poder de convocatoria de todo el espacio que
forma el peronismo revolucionario.
La unidad de este espacio requiere, por lo tanto de,
metodología claras y sobre todo de principios
acertados.
Nosotros no queremos repetir esos errores y por lo tanto
nos proponemos ir desarrollando un conjunto de definiciones
políticas e ideológicas que nos permitan
tener una lectura común de la realidad que queremos
transformar, así como el carácter de la
herramienta que queremos construir.
La
Táctica se negocia, La Estrategia no.
Estas definiciones son parte de nuestra historia, una
historia construida sobre la lucha de nuestro pueblo
y la sangre de nuestros mártires. Este es el
camino que elegimos y sus principios no son negociables.
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