CREACIÓN Y DESEMPEÑO DEL I.A.P.I
Instituto Argentino para la Promoción y el Intercambio

La política económica del peronismo contenía una alta dosis de intervencionismo estatal. Por ejemplo, sus objetivos redistributivos se alcanzaron mediante un aumento considerable de los salarios y la ocupación, el control de precios de los productos de la canasta familiar, la construcción de viviendas populares y los subsidios a algunos alimentos. La industrialización fue estimulada a través de créditos a mediano y largo plazo, medidas proteccionistas de ciertas industrias, impulso a la fabricación de acero, control de las importaciones y formación de empresas mixtas.

Al mismo tiempo, se reguló la producción agrícola mediante el establecimiento de precios oficiales para los cereales, subsidios, leyes que prorrogaron los arrendamientos rurales, sanción del Estatuto del Peón y comercialización por parte del Estado de las cosechas en los mercados local y externos. Algo similar se dispuso en el caso de la ganadería. Además, se nacionalizaron las empresas de servicios públicos y, en el plano financiero, se tomó una importante medida: la nacionalización del Banco Central, el cual pasó a controlar todas las operaciones de cambio públicas y privadas. En la misma línea, el gobierno decidió repatriar la deuda externa, crear el Instituto Mixto Argentino de Reaseguros, la Flota Mercante y la Flota Aérea, al tiempo que utilizaba el gasto público como herramienta para mantener un alto nivel de ocupación e incentivar los planes de obras de los gobiernos nacional y provinciales.

Aún con los cambios que esta política implicaba, la Argentina seguía dependiendo de los recursos provenientes de su comercio exterior, principalmente basado en la producción agrícola-ganadera. Por lo tanto, el gobierno se planteó adquirir una mayor injerencia también sobre los intercambios externos. La creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) reflejó, justamente, la intención de ejercer una acción centralizada y directa sobre los mismos.

El IAPI fue creado mediante el Decreto 15.350 del 28 de mayo de 1946, bajo la órbita del Banco Central. Se lo concibió como un organismo que pudiera actuar expeditivamente frente a las coyunturas internacionales que se presentaran para maximizar los beneficios de la compra, venta, distribución y comercialización de productos.

Entre los propósitos que guiaban su creación, sobresalen los siguientes: a) contar con un organismo especializado en cuestiones comerciales; b) lograr una mejor inserción externa mediante la conquista de nuevos mercados y la consolidación de la presencia argentina en los ya obtenidos; c) realizar propaganda internacional de la calidad y diversidad de los productos argentinos; d) complementar la actividad privada en esta materia; e) diseñar estrategias de defensa de los precios de los productos nacionales en el mercado internacional, ante el eventual deterioro de los términos de intercambio; f) proteger a los productores locales frente a los cambios en los precios internacionales y la acción de los monopolios internacionales y de los países importadores de productos argentinos; g) desplegar una política pública de planificación y orientación que eliminara o redujera al mínimo el impacto desfavorable de los fenómenos naturales, climáticos o económicos que pudieran afectar la producción nacional.

El flamante organismo contaba con diversas funciones. En el plano comercial, se encargaba de comprar los cereales, carnes y derivados a los productores, para luego exportarlos. También cumplía funciones financieras, asignando fondos a ciertas reparticiones públicas, gobiernos provinciales e incluso al sector privado para la adquisición de bienes de capital.

Se producía, asimismo, una función reguladora del mercado interno en la medida en que sus decisiones afectaban diversos aspectos del sistema económico. Por ejemplo, cuando el Instituto compraba productos elaborados que no lograban colocación, establecía el margen de beneficio al sector industrial, creaba comisiones mixtas especiales para resolver la crisis de ciertos sectores productivos, adquiría materia prima para entregarla a los industriales a fin de que la procesaran por cuenta y orden del Instituto, etc.

Asimismo, el IAPI desarrollaba funciones de promoción y fomento en tanto determinaba qué actividades productivas eran prioritarias y, en consecuencia, debían recibir un tratamiento especial como, por ejemplo, el otorgamiento de créditos sin obligación de devolución. Y dado que en la posguerra existían ciertas dificultades para la adquisición de algunos bienes en los mercados extranjeros, el IAPI cumplía una función de abastecimiento al ocuparse de importarlos y distribuirlos en el mercado interno. Por otra parte, también subsidiaba la producción de ciertos bienes de consumo masivo con el fin de mantener el nivel del salario real; por ejemplo, en cierta ocasión los frigoríficos fueron subsidiados cuando su actividad estaba afectada por las sequías y se requería cumplir con los cupos de exportación pautados.

En particular, en el plano externo, el IAPI tenía como funciones centrales la venta de los productos argentinos en el mercado internacional al mejor precio. A fin de cumplir esta misión, se firmaron convenios comerciales con otros países, en especial con aquellos que proveían a la Argentina de importaciones necesarias para su crecimiento industrial. Así, entre 1947 y 1949 se alcanzaron acuerdos comerciales con Suiza, Hungría, Italia, los Países Bajos, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Brasil y Suecia. Asimismo, con el objeto de fomentar el comercio exterior, el IAPI otorgó financiamiento a otras naciones para que adquirieran productos argentinos. Por último, ejercía funciones de asesoramiento y control en las negociaciones comerciales que entablaba el Poder Ejecutivo y en los convenios internacionales a los que éste arribaba.

Un análisis de su actuación permite rastrear algunos rasgos de la evolución de las relaciones económicas argentinas bajo el primer gobierno peronista. En principio, puede decirse que el IAPI ejerció un rol monopólico en la comercialización de productos agrícolas (principalmente, de trigo), comprando en el mercado interno y vendiendo en el internacional.

Por otra parte, el IAPI llevó a cabo actividades financieras, utilizando los recursos provenientes de las exportaciones para adquirir, los servicios públicos que estaban en manos de empresas extranjeras y expandir el perfil productivo de las empresas estatales. Parte de esos recursos también se destinaron a servicios de bienestar social (e.g., salud, educación, etc.).

Simultáneamente, se otorgó financiamiento a instituciones privadas o mixtas; ejemplo de ello son los créditos concedidos a la Corporación Argentina de Productores de Carne, a los frigoríficos y a las industrias metalúrgica y jabonera.

Por último, algunos fondos fueron destinados a la promoción y el fomento de determinadas actividades definidas como esenciales para el desarrollo económico. Tal fue el caso del crédito por m$n 10 millones concedido al Ministerio de Agricultura y Ganadería para llevar a cabo un plan de lucha contra las plagas en la agricultura, así como también los fondos asignados a la compra de semillas y a proveer de materia prima a la industria del quebracho, el apoyo financiero brindado a las industrias lechera, tabacalera y azucarera y a los proyectos de inseminación artificial, etc.

 

 

 

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