Susana Papic


Nacida en la década del ´50 en el sur de la Provincia de Buenos Aires. Era hija única. Su padre era yugoeslavo y falleció cuando ella tenía 11 años. Su madre, Angela, siempre vestida de riguroso negro, era bien gallega y muy parca. Había venido a la Argentina durante la Guerra Civil Española después que el franquismo le secuestrara a su hermano.

Vivían en Burzaco, en la calle Tinogasta (Hoy Rojas), entre Hualfin y Olleros, en una casa en dónde imperaba la más absoluta austeridad: Sin televisión, ni adornos, ni demasiadas sillas, ni suntuosidades…Apenas una radio. Como estudiante, Susana fue una alumna ejemplar, hizo la primaria en la escuela 13, muy cerca de su casa y en 1965 ingresó en el Nacional de Adrogué donde culminaría el Ciclo Básico, para luego recibirse de Maestra en el Colegio Normal Mentruit de Lomas de Zamora, siempre con promedios de nueve y diez. Como era común a los de su generación, comenzó desde temprano con las lecturas de Arlt, Sartre, Simón de Beavoir y Fanon. Pero, probablemente la lectura que más influyó en el compromiso militante, fue John Williams Cooke.

Por entonces, recién recibida de maestra, ejercía y estudiaba abogacía en La Plata. Su amiga Maria Rosa cuenta que, mes a mes, juntaban magros ahorros para hacer un viaje de mochileras al norte argentino, hasta que Susana la convenció que aquel dinero se lo debían donar a un vecino, con familia numerosa, que se había quedado sin trabajo. También cuenta su amiga que, así como le gustaba escuchar música clásica por radio Nacional, todos los fines de semana iba a bailar al Fobal Club o a los afamados bailes de Carnaval del Club Independiente de Burzaco. Durante la secundaria la llamaban “La católica” porque era una ferviente defensora de la moral cristiana. En Almirante Brown, en la década del 70, hubo muchos jóvenes que desde del catolicismo asumieron la militancia en la Juventud Peronista casi como una misión evangélica: Liliana Ivanoff de Burzaco (Vivía en el mismo barrio que Susana), asesinada mientras pintaba convocando a la Plaza de Mayo para el 1ro de Mayo en 1974 o Rolando “El Loco” Bastarrica, de Claypole, muerto en un enfrentamiento cuando lo iban a detener en su domicilio, sólo por citar a dos. Susana tenía también ese origen y con su grupo comenzaron a militar en el barrio Sakura de Burzaco y una de las primeras actividades llevadas adelante fue un plan de alfabetización revolucionario para entonces, basado en las doctrinas pedagógicas de Paulo Freire.

La militancia era la única razón de ser, y mientras trabajaba como maestra organizaba junto con su concuñada Susana Beatriz “Tuti” Mata el sindicato Unión de Educadores, adherido a la FEB, de la que luego se separarían para formar lo que hoy es SUTEBA. “Tuti” era la Secretaria General y Susana la Tesorera. Su compromiso y su crecimiento político fueron vertiginosos, pronto fue la responsable de la Unidad Básica del barrio y en seguida la incorporación a la Organización Montoneros de la que llegó a ser oficial. Su concubinato con Enrique (Henry) “El Pingüino” Barry, con quien tuvo un hijo, Agustín, la obligó a vivir en la clandestinidad, dado que él tenía captura recomendada. Los Barry eran tres hermanos de una familia inglesa de Adrogué, Jorge (George), el mayor de ellos, era un activista estudiantil, allá por los años sesenta en el célebre Colegio Nacional de Adrogué. Junto a otros compañeros había creado el MER (Movimiento Estudiantil Revolucionario) que pretendían reivindicaciones como Educación para todos, elección de los profesores, poder concurrir al Colegio en zapatillas, etc.. El fue el primero en tener militancia y sus hermanos se sumaron rápidamente. Los tres se incorporaron a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). El responsable de ellos a principios de los setenta era nada menos que el poeta Paco Urondo, alias Jordán. Juan Alejandro (John Alec) fue el de los tres el que más notoriedad y nivel tuvo; el era el esposo de Tuti de cuya unión nació Alejandrina, que fuera tapa en todas las revistas de Editorial Atlántida al perder a sus padres, como demostración del abandono que hacían los Montoneros de sus hijos. Juan Alejandro era el Secretario Político de Montoneros. En diciembre de 1977 estaba radicado en Montevideo y volviendo del aeropuerto con Jaime Dri a quien había ido a buscar, fueron emboscados por fuerzas conjuntas del Plan Cóndor, uruguayo-argentina. A Dri lo hieren en el estómago y será trasladado luego a la ESMA, mientras que John Alec muere en el combate. Más tarde rodean la casa donde estaba Susana Mata con su hija, quien, antes de ser capturada con vida, se suicida tomando la pastilla de cianuro. Los cuerpos de ambos son enterrados en el cementerio de Montevideo como NN. La familia hizo trámites para recuperar los cuerpos pero de un día para otro las tumbas fueron levantadas y los restos nunca aparecieron.

Enrique “El Pingüino”, desaparece en octubre de 1976. Varios de los sobrevivientes de los campos de concentración cuentan haberlo visto en pésimas condiciones físicas. Lo pasearon por muchos “chupaderos” y lo torturaron de la forma más brutal que se pueda imaginar. No alcanzaron los intentos de su padre por rescatarlo, siendo que era un gorila ligado a la oligarquía y amigo del mismísimo ministro de economía, Alfredo Martinez de Hoz. Jorge Alfredo Barry denunció en el Nunca Más: “...El encargado de dar información en la Capilla de Stella Maris era un sacerdote (Monseñor Graselli) quien dijo que asistía espiritualmente a ‘grupos de trabajo’. Graselli describió a Enrique físicamente, comentando que tenía el apodo de ‘pingüino’ y otros datos que evidenciaban conocimiento acerca del paradero de las víctimas; concluyó que Enrique había sido fusilado...”. Por aquellos días John Alec le contaba a un matrimonio amigo: “¿Ustedes saben cómo lo mataron a Henry? Lo destrozaron; lo levantaron en la casa de la segunda mujer en Claypole, lo tenían detenido y lo torturaban; el "Gordo" estaba en la JTP en la zona de Bernal, creo que andaba en esa fábrica de porcelana.(…) La primera mujer del Gordo, ella era sobrina del pro vicario castrense, pidió por el marido, del cual estaba separada, y el tío le dijo que no se preocupara (…). Cuando a través de John Alec se entera de que al "Gordo" lo habían hecho mierda, ella lo fue a increpar. Me dijo que le dijo de todo al tío, y el tío le decía que tenía que tomar en cuenta que Henry estaba poseído por el demonio, que le habían hecho un juicio justo.”

Todo esto sucedía entre octubre y noviembre de 1976. Susana se vió obligada, entonces, a “levantar la casa” y a deambular, como deambulan los clandestinos: Sin un lugar propio y durmiendo de prestado. Nadie puede imaginar cual sería el ánimo de Susana por aquellos días. Perseguida, sin la posibilidad de la contención familiar, por cuestiones de seguridad, con el compañero desaparecido y con un bebé a cuestas… Sin embargo, su compromiso militante no decaía y el funcionamiento dentro de la “Orga” no podía detenerse. Ella era de los cuadros mejor evaluados de la Columna Sur.

Susana desapareció el día 6 de Diciembre de 1976. Cuando desapareció, estaba con su hijo Agustín, quien días después aparecería abandonado en la Casa Cuna y sería devuelto a su abuela materna. No hay muchos datos acerca de si Susana fue vista en algún centro clandestino de detención, lo cual alienta la posibilidad de que haya ingerido la pastilla de cianuro. Ella sabía del salvajismo del enemigo y de lo que había sucedido con el Pingüino. Quizás por eso, cuando, un año después, la dictadura fracasa en su intento de capturar vivos a su cuñado y cuñada, arman toda aquella parodia mediática con la revista Gente y demás ediciones de Editorial Atlántida, acerca de la orfandad de Alejandrina (Hija de Susana Beatriz Mata y Juan Alejandro Barry).

Ángela Papic, madre de Luján, presentó varios recursos de Hábeas Corpus para saber sobre el paradero de su hija; en uno presentado el día 24 de Febrero de 1978 declaraba: “(...) vengo a interponer recurso de Hábeas Corpus a favor de mi hija Luján Susana Papic, con quien he perdido todo contacto desde el día 6 de diciembre de 1976 en las circunstancias que paso a expresar: Mi hija vivía en unión con Enrique R. Barry, que se encuentra detenido por razones políticas que desconozco. Tuvieron de esta unión un hijo: Agustín Barry, que tiene en la actualidad 2 años y medio. Mi hija me había anunciado su visita, con su pequeño hijo para el día 6 de diciembre. No vino ese día ni los sucesivos y desde entonces no he podido encontrarla, pese a las innumerables gestiones que realicé. También en el mes de diciembre de 1976 me fue comunicado por el juzgado de instrucción de la Capital Federal Nº 9, Secretaría Nº 166, que debía hacerme cargo del niño que había aparecido abandonado. El 24 de diciembre se me confirió la tenencia de la criatura (...). Posteriormente me enteré que se seguían actuaciones en ese mismo juzgado, secretaría Nº 128 a cargo del Doctor Ricardo Gustavo Weschler, contra mi hija imputándosele el abandono de su hijo que había aparecido en la puerta del establecimiento Pedro Elizalde. En esta causa se había librado una orden de detención contra la imputada. Estoy absolutamente segura que mi hija no ha hecho abandono de su hijo. Me da esa seguridad el gran amor que ella tenía y el cuidado y la dedicación que siempre le ha prestado, por lo demás conozco perfectamente la clase de persona que es. Ante esta situación, pienso que pudo haber sido detenida en la misma forma que lo fue su compañero (...). Debe tenerse en cuenta que la posible detención o secuestro de mi hija debió producirse en esta ciudad de Bs. As, atento al lugar en que fue dejado el pequeño (...)”

La madre de Luján continuó realizando innumerables trámites para conocer el destino de su hija; además de los diversos Hábeas Corpus presentados “(hizo) notas y telegramas a la Presidencia de la Nación, Ministerios, autoridades de la Iglesia, Fuerzas Armadas, (realizó tramites internacionales) ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, y otros organismos”. Fue Madre de Plaza de Mayo y cada vez que regresaba de las marchas de los jueves Agustín le preguntaba “¿Fuiste a encontrarte con mamá?”. Eso era desgarrador para ella que tuvo una vida signada por la tragedia. A Agustín, debido a la edad y la falta de recursos de Angela, lo crió un matrimonio vecino a quien se le suicidó una hija. Tal vez por eso, al fallecer Angela, adoptaron legalmente a Agustín y se radicaron en Suecia. Hasta aquí la crónica cruda de Susana Papic ¿Se puede decir fin de la historia? No. Esta historia de tragedia familiar no difiere de otras miles de tragedias familiares de militantes políticos que han derramado su sangre para que la patria exista. Nosotros, el Peronismo 26 de Julio, nos pretendemos la sucesión histórica de compañeras como Susana; levantamos su bandera, continuamos su lucha e imitamos su ejemplo militante en el convencimiento de que su sacrificio no fue en vano.


¡ COMPAÑERA SUSANA PAPIC ! ¡ PRESENTE, AHORA Y SIEMPRE !

VENCEREMOS

 

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