Sabino Navarro

El negro Sabino, era correntino, hijo de una familia trabajadora y peronista, que le inculcó desde niño la lucha por la justicia social. Trabajó en diferentes fábricas, en donde se destacaba por su capacidad de liderazgo y su humildad, razón por la cual sus compañeros lo elegían para que los representara como delegado. Trabajando para Deutz Cantábrica y siendo delegado de SMATA, se ganó aún mas el afecto y respeto de sus pares por una paliza que le propinó a un colega por haber traicionado una huelga. Estando en Córdoba y trabajando en la Fiat, participa activamente del Cordobazo y de las movilizaciones y luchas obreras de finales de los 60. Militante de la Juventud Obrera Católica, consecuente con el mensaje de la iglesia de los pobres y la lucha de Jesús a favor de los oprimidos, se relaciona con Juan García Elorrio, director de Cristianismo y Revolución. Para ese entonces el Negro combina las luchas obreras con las del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo. Pero pronto ve los límites de esos proyectos, para construir la herramienta que posibilite un verdadero proceso de liberación nacional.
A mediados de 1968 y en Enero de 1969 se realizan en Córdoba dos Congresos del Peronismo Revolucionario. Uno de los temas centrales era cómo enfrentar a la dictadura de Onganía, cuál sería la forma que tomaría la lucha por la liberación y la vuelta de Perón. Sabino Navarro participa en ellos, junto a, John W. Cooke (solo lo hace en le primero porque fallece en Setiembre del 68), Gustavo Rearte, el mayor Alberte (quien acuña allí la denominación “Tendencia Revolucionaria del Peronismo”), dirigentes de la CGT de los Argentinos, de distintos grupos de JP, etc. El Negro es de los que plantean que hay que iniciar la lucha armada y de que las condiciones objetivas están dadas. De hecho, algunos grupos ya estaban operando o preparándose para hacerlo. Fiel a la frase “mejor que decir es hacer”, participa en la organización de un grupo armado (el luego denominado Grupo Sabino) que será uno de las que confluyen en la fundación de Montoneros. Participa del secuestro de Aramburu, acto fundacional de la “M”. El 7 de Septiembre de 1970 están reunidos en la pizzería La Rueda de William Morris, parte de la conducción de Montoneros en Buenos Aires. Se produce un tiroteo con la policía y caen combatiendo Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus. Sabino Navarro y Capuano Martinez, se abren paso a tiros. Pese a ser uno de los hombres más buscados del país, Sabino asume la jefatura de la conducción de Montoneros y se dedica entonces incansablemente al armado de la estructura a nivel nacional, devorando kilómetros y kilómetros en un automóvil, establece contactos y organiza en distintas provincias. También es el encargado de coordinar, representando a la M, las reuniones de la O.A.P. (Organizaciones Armadas Peronistas), un intento de unidad en la acción de los principales grupos armados peronistas. En Junio del 71, mientras esperaba, solo, en un auto en una localidad de San Martín, es sorprendido por dos policías, en el tiroteo que se produce estos son abatidos y el negro recupera sus armas reglamentarias y una ametralladora.
En Julio del 71, es enviado a Córdoba, una regional bastante golpeada luego de la toma de La Calera un año atrás, y del apresamiento y dispersión de gran parte de sus miembros. Es detectado por la policía mientras preparaba una operación en apoyo a un conflicto de los trabajadores de Fiat. Comienza una espectacular persecución que durará varios días y culminará en las sierras de Córdoba, con el Negro Sabino, mal herido, oculto en algún lugar para evitar que las fuerzas represivas encuentren su cuerpo y tengan certeza de su muerte.
A partir de entonces, el Negro Sabino Navarro se erige como el prototipo del comandante montonero, en un ejemplo a seguir: obrero y peronista desde sus orígenes, lucido e inteligente aunque no muy amigo de las grandes explicaciones teóricas, hombre de acción y de coraje, yendo al frente siempre, ya se trate de un conflicto laboral o de una operación de guerrilla urbana. Serio, pero amable con los compañeros. Comprometido a fondo con la lucha iniciada, lo que no le impedía ser alegre y divertido y vivir plenamente su existencia de dirigente peronista y revolucionario.


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