Juan
Facundo Quiroga
Conocido por el nombre de "Tigre de los Llanos", Quiroga
jugó un papel prominente en la vida política de la Argentina
(1818-1835).

Juan
Facundo Ouiroga nació en 1778, en la provincia de La Rioja.
Su padre fue el estanciero José Prudencio Quiroga, a quién
Facundo ayudó a conducir sus propiedades a partir de los 16
años. Tras un breve paso como voluntario por el Regimiento
de granaderos a caballo, en Buenos Aires, regresó en 1816 a
La Rioja, donde colaboró activamente con el ejército
del norte que luchaba contra los realistas, proveyéndolo de
ganado y tropas. En 1818 recibió de Pueyrredón el título
de "benemérito de la Patria" y a fines de ese año
intervino destacadamente para sofocar un motín de prisioneros
españoles en San Luis.
A partir de 1820, con el cargo de jefe de las milicias de Los llanos,
se inició en La Rioja la preponderancia de Quiroga. Además
asumió la gobernación de la provincia, aunque sólo
fue por tres meses, pero en los hechos continuó siendo la suprema
autoridad riojana.
Quiroga brindó su apoyo entusiasta al Congreso de 1824 reunido
en Buenos Aires, pero pronto se produjo su ruptura con los unitarios
porteños. Junto a los otros gobernadores que resistían
la política centralista de Rivadavia que culminó con
la sanción de la Constitución unitaria, se levantó
en armas contra el presidente, enarbolando su famoso lema de "Religión
o Muerte". Su lucha contra los unitarios había comenzado,
en realidad, en 1825, cuando Quiroga derrotó a La Madrid -
usurpador del gobierno de Tucumán - en El Tala y Rincón
de Valladares.
Caído Rivadavia, Quiroga apoyó la efímera gestión
de Dorrego, cuyo fusilamiento volvió a encender la chispa de
la guerra civil. Facundo se convirtió entonces en figura descollante
del movimiento federal y, en el interior, enfrentó a las fuerzas
unitarias del General Paz. El Tigre de Los Llanos, como lo llamaban
amigos y adversarios, cayó derrotado en La Tablada y en Oncativo.
En Buenos Aires, con la ayuda de Rosas, formó una nueva fuerza,
llamada División de Los Andes, Al frente de ella ocupó
San Luis y Mendoza, en Córdoba persiguió a La Madrid
- el jefe de las fuerzas unitarias después de la captura de
Paz - y, ya en tierra tucumana, lo derrotó completamente en
La Ciudadela. En esos momentos su poder y su prestigio alcanzaban
el punto más alto. Después de participar en la etapa
preparatoria de la campana del desierto realizada por Rosas, permaneció
con su familia en Buenos Aires durante un tiempo. Aquí Quiroga
dedicó el resto de su vida a intentos (solo o con otros federales)
de convocar un congreso constituyente para formar la estructura orgánica
de una república federal.
Rosas se opuso enérgicamente a tal designio, arguyendo que
una organización formal de esa naturaleza era prematura e insensata
hasta tanto las provincias no hubieran creado sus estructuras políticas
individuales y una saludable vida institucional, citando el ejemplo
de los Estados Unidos, que no admitía que un territorio tomase
plena participación en la vida política nacional hasta
haber formado su propio gobierno.
En 1834, a pedido de Maza, gobernador de Buenos Aires, y del propio
Rosas, medió en un conflicto entre Salta y Tucumán.
En Santiago del Estero se enteró del asesinato de De La Torre,
gobernador salteño.
Cumplida su misión con éxito y regresando a Buenos Aires,
desdeñó obstinadamente las advertencias sobre conspiración
en Córdoba, y rechazando el ofrecimiento de protección
que le hizo Ibarra, el gobernador santiagueño, fue sorprendido
y asesinado por efectivos al mando de Santos Pérez en Barranca
Yaco, el 16 de febrero de 1835.
La azorada opinión pública dividió las inculpaciones
del crimen entre Rosas, López y los hermanos Reinafé,
pero José Vicente Reinafé, gobernador de Córdoba,
su hermano, Santos Pérez y otros fueron convictos de la conspiración
y ejecutados (1836).
La muerte de Quiroga dejó a Rosas como única autoridad
subsistente